martes, 8 de abril de 2008

Lingüística para tontos. III - La información

(Comienzo)

La idea de que podemos analizar el lenguaje humano en términos de categorías nos viene de perillas, porque nos permite contemplar el lenguaje como una herramienta para lo que todos sospechamos que es su finalidad principal: transmitir información.

En los últimos años se ha puesto de moda la información digital. Estamos todavía en un estadio primitivo de la civilización, y para manejar la información no sabemos hacer nada mejor que trocearla. El cine trocea el movimiento en fotogramas, y las técnicas digitales trocean el sonido o la imagen en 0s y 1s. Es un trabajo de hormiguitas convertir la novena sinfonía de Beethoven en 0s y 1s, pero tenemos esclavos que lo hacen por nosotros: las computadoras.

Al igual que las hormigas, preocupadas únicamente por acarrear o no un grano de polen sin interesarse demasiado por la estrategia alimentaria de su hormiguero, la información digital no describe las relaciones internas de las cosas que construye: simplemente, junta ladrillos. Ladrillo a ladrillo, aporta información. Y sólo usa dos tipos de ladrillos: los 0s y los 1s.

Pero ¿aporta información con independencia de quién la reciba? Evidentemente, no. Cada vez que un sistema digital escribe un 0 o un 1, la información sólo puede ser útil para el destinatario, que ignoraba si el próximo ladrillo sería un 0 o un 1. Eso sí, tenemos que presuponer que el destinatario conoce previamente dos cosas: dónde deberá colocar cada nuevo ladrillo (en este caso, a continuación del anterior), y qué clases de ladrillo puede recibir (es decir, un 0 o un 1).

Y con esto regresamos al lenguaje humano. Probablemente sin saberlo, el receptor de la informacíón digital está utilizando mentalmente una estructura (un ladrillo a continuación de otro) y una categoría ({0, 1}). El lenguaje humano es más complejo. Las palabras se pronuncian, o se escriben, en fila india, pero para poder darles un sentido hay que recolocarlas mentalmente. Si te explico que ayer vi a tu prima con un telescopio, probablemente te preguntes si es que yo vi-con-un-telescopio a tu prima, o si lo que realmente vi fue a tu-prima-con-un-telescopio.

Hemos identificado, pues, los dos elementos básicos de la información y, posiblemente, del lenguaje, entendido como rompecabezas: (1) dónde colocar las piezas, y (2) qué piezas colocar.

El lector impaciente me preguntará ahora "¿Y qué demonios tiene que ver la topología con todo esto?" Calma. A eso vamos.

(Continuación)

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